Fuimos peces y después fuimos dinosaurios. Fuimos monos, hombres, Planetas. Sangre, sexo, cielo. Libros que no leímo...

lunes, 21 de octubre de 2013

Resonancia, o descubrir formas a partir del silencio...



Resonancia, un documental para escuchar”, dice el slogan de la película de Mateo Herrera; sin embargo, creo que también es una película para tocar, o mejor dicho, una película que te toca. Durante siete meses Mateo Herrara (director de la película), Simón Brauer (director de fotografía) y Sarahí Echeverría (productora) visitaron el taller del luthier Raúl Lara para registrar el proceso de la construcción de una guitarra Selmer Maccaferri, cuyo modelo original nació en los años 30 hecho explícitamente para Django Reinhardt. A Mateo, que además de cineasta es músico y admirador de Reinhardt, la idea de documentar este proceso le resultó altamente seductora, pues para él- y eso lo veremos en claramente en cada plano de Resonancia- la labor del luthier más que artesanal es alquímica.

En La obra de arte y su reproductibilidad técnica, Walter Benjamin retrata la crisis que atraviesa el arte contemporáneo al ser reproducido técnicamente. Benjamin declara que la obra pierde su aura al ser despojada del “aquí y ahora” que le proporciona la relación directa con el creador para ser sometida al sistema de reproducción mediante el aparataje técnico. En la labor de Raúl Lara, el luthier que construye la guitarra, vemos claramente la relación del sujeto con su trabajo, es decir, la magia que surge con la relación del sujeto y su obra en el momento de la creación. Pero, ¿qué es el aura?, Benjamin lo definió como “aparecimiento único de una lejanía, por más cercana que pueda estar”. Esa impronta, esa nostalgia del tiempo que se fuga y que solo es posible en el contacto entre el artista y su hallazgo. Es aquí cuando el trabajo de un artesano se asemeja más al de un alquimista: el objeto que construye no es ajeno sino que invita a pensar en el escultor que no trabaja a partir de la forma sino a partir del vacío: al tallar el mármol no construye sino que descubre, no aumenta: quita la materia que envuelve a una forma silente y oculta bajo el mármol, así, el luthier no crea un cuerpo que emite sonido, más bien descubre el cuerpo que el alma/sonido necesita para expresarse en la dimensión terrena.

Entonces la labor del artista no sería construir una esencia, sino crear un representante que contenga a la esencia; así, la técnica, el cuerpo, la investidura, estarían íntimamente relacionadas con su espíritu. El espíritu solo puede manifestarse mediante un cuerpo particular que lo contenga. Para que exista sonido debe existir un medio. En Resonancia, Raúl construye una guitarra, es decir, el medio en el que el sonido es posible, esto a su vez es una metáfora del proceso creativo. El aura de la que habla Benjamin solo es posible mediante la relación única directa y mágica de la mano del artista y su obra. El aura surge en ese momento de inspiración en el que el sonido es posible a partir del silencio. Así como Raúl descubre la guitarra, Mateo descubre la película, pues Resonancia es otro puente, otro medio para la expresión de la líbido, lo intangible, la energía creadora pura que se manifiesta mediante la combinación estética de planos y sonidos que nos permiten crear una mirada para descubrir un universo sensorial que nos toca.
En esta película los diferentes lenguajes funcionan, se entrelazan, se complementan. Las herramientas técnicas son expresivas desde todos los puntos de vista. En cada una de ellas hay una propuesta arriesgada, personal, única. Julio Cortázar dijo que si uno no encuentra las palabras precisas para decir algo simplemente no lo dice o lo dice mal .Digamos que en esta película, las herramientas técnicas operan de manera justa, adecuada. La propuesta fotográfica de Simón Brauer es un canal que refleja el espíritu de la película: cada encuadre es una metáfora del todo y a la vez funciona solo. Hay una belleza en la composición y en la luz, hay algo que conmueve, quizá sea el aura. El mapa sonoro y la sonorización hecha por Juan José Luzuriaga, exagera los sonidos naturales convirtiéndolos en música, creando un lenguaje que es a su vez otra metáfora del misterio de la creación y tocando los sentidos desde el inconsciente. El sonido de la sierra cortando la madera adquiere un significado distinto, se vuelve musical. Todos los sonidos cotidianos adquieren una dimensión armónica. La música está en los sonidos naturales. La edición de Amaia Merino también responde a un proceso estético cuya lógica no es narrativa sino sensorial.

Hablemos del silencio. El silencio de Raúl durante todo el proceso que habla de su conexión con los elementos que construyen la guitarra, toca la madera, corta, siente. Su silencio se debe a la escucha: está conectado con el espíritu que despacio le susurra las partituras para la construcción de su cuerpo. Mateo también cree en el silencio, y esto se percibe desde la elección del equipo mínimo con el que rodó. Este ambiente de intimidad se siente en la película así como en el silencio de Raúl, quien parece estar conectado con algo más allá mientras da forma a la guitarra. Resonancia es un documental que habla a partir del silencio, pues solo en ese espacio, en esa inmovilidad, el sonido puede tomar cuerpo poco a poco.

A medida que la trama avanza los espectadores entramos en un proceso hipnótico. La experiencia audiovisual se vuelve sensorial: nos toca. La realidad ya no es la misma: poco a poco Raúl deja el mundo ordinario para sumirse en un universo extrañado: el mundo visto desde un ojo particular. La misma relación alquímica entre las manos de Raúl y la guitarra se da entre el espectador y la película. El espectador se ve inmerso en ese espíritu creador, y así, una vez más se sitúa en el espacio de la invisibilidad. Como Raúl y como el escultor que trabajan a partir del silencio, la película ubica al espectador en un espacio invisible en el que su mirada es transformada, las imágenes y los sonidos cumplen su función hipnótica y nos permiten percibir la magia latente en la realidad, encontrar musicalidad en los sonidos ordinarios y belleza en las imágenes cotidianas: un pedazo de madera deja de ser un pedazo de madera y se convierte en un objeto inútil y hermoso, único, extraterrestre. La película es una ventana para escuchar y ver el mundo desde una perspectiva abismal. La experiencia cinematográfica es tan sutil que no solo determina un lenguaje, sino que sugiere una mirada. Yo diría que se trata de una película extraterrestre. O quizás es el espectador el que se convierte en extraterrestre ya que se transforma y puede percibir el hecho aparentemente simple de la construcción de una guitarra como una experiencia alquímica, divina, inspiradora. Después de trabajar siete meses el misterio del sonido al fin toma forma. La guitarra suena, y Raúl, que había permanecido serio durante todo el filme, sonríe. Entonces Mateo toca una canción de Django, y yo cada vez me convenzo más de que la acción creativa no consiste en poner sino en quitar: retirar materia para encontrar formas latentes en el aire, seres dormidos que preexisten. Descubrir el cuerpo que contiene el aura.


(Cartón Piedra)

lunes, 14 de octubre de 2013

Falsas Promesas

"La juventud es una estafa"
-Roberto Bolaño



Volver a la arena caliente que trazó mapas en el aire.  A la brisa que trajo la nostalgia de amores futuros. Al techo en el que fumamos por pimera vez mientras nos bañamos en lluvia caliente: había sido recobrada la eternidad. Ahora agoniza en un cajón húmedo, al lado de  libros que también mintieron tierras fantásticas, espejos que deliraron  viajes,  mañanas que susurraron príncipes.
Hoy  los Dioses  me miran congelados dese páginas lejanas con olor  a naftalina, esos dioses que inventamos en  borracheras absurdas, los únicos a los que pudimos rezar,  los mismos en los que creyeron los abuelos que algún día también fueron inmoratles. La sangre derramada refleja  las caricias que alucinaba el verano en Manglaralto, los besos muertos salidos de un casette de los Rolling Stones, los compaces que escuchaba mientras te extrañaba  y todavía no te conocía.... 
Los ríos negros en los labios con peces, el mar de Santa Cruz que destellaba espuma prometiendo encuentros ¡Y las estrellas! fantasmas brillantes que ya no son, que fugaces sonrieron ofreciéndome el abismo... Cómo si se pudiera  confiar en una estrella,  en algo que cuando miras ya no existe,  en una ilusión tan descarada.... El desierto de lo real es árido y el minutero me clava una daga en los dientes, me desliso en jardines blancos con rosas muertas en vasos de vidrio, en muñecas con el pelo seco y restos de esmalte en la cara, rompecabezas insoportables,  cortinas asesinas en las que fingía mi muerte a los siete años. Enotnces regreso y descubro que la tormenta de arena no ha acabado. Y ese espacio que alguna vez fue luz ahora es vacío: ha pasado de ser átomo a ser nada... Y yo busco su sombra  intentando inventar la niebla con los dedos pero ya no hay eco: cuando muere la la huella también mueren los ojos. ¿Por qué el sol lo deformó todo con su luz malévola? La pureza de esa niña que resucita en las resacas destruye el mundo. Y el ángel, es tan bello que duele, hiere con sus alas blancas los tejidos del tiempo.   Entonces me voy dos veces, me escapo gritando a los sordos en puertos lejanos mientras me veo partir en barcos fantasmas.