Vivo, luego escribo… Los límites entre la vida y la obra de Anaïs Nin y Henry Miller

Si tuviera la oportunidad de ser Dios, la rechazaría. La oportunidad más maravillosa que ofrece la vida es la de ser huma...

miércoles, 16 de julio de 2014

Entre caníbales

Sexo carne y rock n roll...

"Come de mi, come de mi carne... Entre caníbales..."
-Soda Stereo. 




Me gusta la carne. En una casa de vegetarianos, yo era la única carnívora: una isla depredadora en medio de un mar de lechugas. El segundo esposo de mi madre es vegetariano (un hermoso vegetariano a quien hasta hoy considero mi otro padre) . Él,  a su vez, tenía tres hijos vegetarianos (tres vegetarianos lindos a quienes hasta hoy considero mis otros hermanos). Como mi madre y él tuvieron otra hija (mi ñaña Laura) y yo tengo otra hermana, en la casa vivíamos ocho personas en total. Siete vegetarianos vs. una carnívora.
Mi mamá hizo de todo para que yo dejara mis costumbres caníbales y no devorara animales muertos en la mesa. Se desvivía creando platos nuevos: pastel de “doritos” con frejol y queso, berenjenas apanadas, torta de papa con carne vegetal. Nada dio resultado, menos aún cuando el plástico y la soya tenían la osadía de hacerse pasar por carne. Nada más desagradable que un cartón que quiere ser carne. ¡Atrevido! Es lo mismo que el tabaco electrónico, el café descafeinado o el sexo virtual, una triste simulación del placer que carece de la parte esencial: lo que destruye. ¿Cómo se puede sentir placer si ya no está prohibido? Así la copia sea idéntica al original, si no duele, no vale. Al neurótico no le funcionan esas cosas. Quizá por eso cuando descubría el aburrido bistec artificial me sentía estafada. Prefería comer lechuga pura con limón que una plasta viscosa que pretendía ser carne pero era cartón.

¿Por qué no pude dejar mis costumbres rupestres y elevar mi espíritu? No es que diera mi vida por un pedazo de vaca, me gustaba, sí, pero tampoco para decir qué bruto. Quizás era una forma de resistencia. Lo lógico hubiera sido que me “haga al grupo”, que ceda, que al no poder vencerlos terminara uniéndome a ellos. Pero está claro que si el grupo (cualquiera que este fuere) dice que sí, yo digo que no, y viceversa. Bello y maldito gen del salmón. Quizás si hubieran sido carnívoros, yo hubiera sido vegana. Aunque no lo creo. Resistí ciegamente en mi afán de ingerir mamíferos y mi madre tenía que comprar una pequeña porción de carne al mes. La carne la compraba para mí y para el can. Y nos íbamos a medias. Mientras todos comían pastel de acelgas yo devoraba un pedazo de carne que yo misma freía. El perro comía de la misma ración.
Quiero aclarar algo: el problema no son los vegetarianos. Conozco unos cuántos (mi sagrada familia, por ejemplo) que lo son de corazón. Pero hay de los otros, la mayoría, esos que aseguran ser mejores  humanos por abstenerse de los placeres de la carne. Son los mismos que van al rocódromo y hacen yoga antes de instalarse en la oficina. Aquellos que alternan temazcales con sesiones de pases y full ácidos, ¿cachas? Ya ven, todo es relativo: hay vegetarianos malignos y la mejor bióloga que conozco devora chinchulines que da un contento.

Tal vez lo que más me molesta del vegetarianismo es su airecito correcto, su falta de sabor, su cara aburrida. También están los hare-krishnas para quienes está prohibido el ajo. ¡Prohibido el ajo! El ajo que espanta a los vampiros también espanta a los krishnas. ¿No es esta la máxima expresión de la anulación del placer? ¡Y los macrobióticos! No conformes con privarse de las viandas reducen sus placeres a pastillas de alcachofa y granos. Cosas pequeñas y ordenadas, como píldoras de robot.

Me cuesta creer que alguien cuya dieta se basa en píldoras de zanahoria pueda follar (bien) . Seres grises. Sin sangre. Sé que me acribillarán. Dirán que en mi próxima vida reencarnaré como una cucaracha (¿y qué culpa tendrá esa cucaracha de ser cucaracha si no recuerda que en su vida pasada fue una mujer carnívora?). Dirán que el concepto de vivir en esta era está denigrado, que el placer es más completo en las finas hierbas, que es una era en la que el alimento no está relacionado al espíritu. Sí, sí, todo lo que quieran, pero, ¿cómo puedes decir que has vivido si no has probado un lomo tres cuartos? Seguidores de Diógenes, el fin del deseo, ¿es humano?... Sin placer no hay dolor. Pero, ¿qué hay?. La paz es contradictoria a la pasión. La paz de la tortuga. La paz de la montaña. La paz del abuelo. La paz por ahora puede esperar. Todavía hay rock n’ roll.

(Diners)

2 comentarios: